“Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,19-20). Esta colaboración en la redención es la obra del amor de Dios en nosotros y a través de nosotros para el prójimo. Pues Dios ha llamado a los hom- bres a vivir no solamente unos con otros, sino unos por otros, es decir, también a sufrir unos por los demás. De esta forma, cada cruz personal obtiene un valor redentor. En este sentido, ACN entiende que de la Iglesia sufriente y perseguida dimana una fuerza decisiva para la transformación del mundo, y valora también de manera especial el sacrificio de los benefactores enfermos y sufrientes.
23
Powered by FlippingBook