PRÓLOGO Monseñor Bashar Warda, CSsR, arzobispo caldeo de Erbil, Irak
Hace diez años, más de cien mil cristianos fueron obligados a huir para salvar sus vidas cuando el Estado Islámico se apoderó de amplias zonas de la llanura de Nínive, en Irak. Durante todo este tiempo, estos cristianos han vivido como desplazados dentro de su propio país, con el apoyo exclusivo de hermanos creyentes de todo el mundo, incluida la significativa ayuda de ACN. El genocidio que sufrimos entonces sigue proyectando una larga sombra: la emigración de cristianos no cesa, hasta el punto de amenazar de extinción a la Iglesia en pueblos y ciudades donde nuestra presencia se remonta prácticamente a los tiempos de Cristo. Entretanto —como muestra esta edición de ¿Perseguidos y olvidados? —, los cristianos de otros países también son víctimas del extremismo yihadista, ya sea en Burkina Faso o en Mozambique, e igualmente dura es la opresión de los creyentes por parte de regímenes autoritarios como China o Nicaragua. Pero el informe también muestra que, tras los golpes más duros, los cristianos son capaces de reconstruir sus vidas, como hemos logrado hacer en Irak, aunque nuestras comunidades sigan atravesando allí dificultades debido a la falta de programas de subsistencia. Por ello, para garantizar que los cristianos permanezcan en la zona y sean la voz de Jesús en todo Irak, la Iglesia tiene que encontrar financiación para apoyar las estructuras clave erigidas en el Kurdistán: nuevas iglesias, una universidad católica, cuatro escuelas y un hospital. Estas estructuras necesitan apoyo para crecer y mantenerse; por eso, dependemos de que la comunidad internacional escuche nuestras peticiones de ayuda. Recemos para que quienes lean este informe, ya sean gobiernos, particulares u organismos influyentes, hagan algo más que condenar de boquilla lo que reflejan los informes sobre la persecución de los cristianos; es preciso que obren conforme a sus palabras —con compromisos políticos claros y decisivos— para ayudar a aquellos cuyo único delito es la fe que profesan. Es vital que actúen ante las alertas tempranas, como las de este informe, para evitar que se repita en otros lugares lo que nos ocurrió en Irak. Aún recuerdo el terror provocado por el ascenso de los yihadistas, pero también la esperanza de la gente y la caridad mostrada por nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo. Por favor, seguid teniendo presentes en vuestras oraciones y en vuestro corazón a todos los que sufren. Rezamos por vosotros.
Monseñor Bashar Warda, CSsR Arzobispo caldeo de Erbil, Irak
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